Cuando el monstruo se despertó se comió la tarta de nata y
fresas.
Le llamaron por teléfono y le dijeron que no se comiera la
tarta porque dentro tenía una bomba que iba a explotar dentro de cinco horas.
Para solucionar el problema va al baño y coge el
desatascador. Lo mete por la boca e intenta sacar la bomba pero no la podía
desatascar.
Llamó a su hermano gemelo para que le ayudara a sacarla pero
no puede venir porque estaba enfermo.
Asique llamó a su padre, entre una cosa y otra habían pasado
ya cuatro horas, que se entretuvo tanto que pasaron las cinco horas.
La bomba no explotó y
el monstruo no sabía que pasaba. De pronto sintió un sonido muy grande, como un
eructo gigante, y se dio cuenta de que la bomba había explotado pero que él era
demasiado grande como para que le hiciese daño.